En mayo hubo más féminas atacadas en el hogar que asesinatos en calles, de acuerdo con el Prontuario de la FGE. Crecen denuncias y la atención no mejora.
Villahermosa ya no es sólo el centro político de Tabasco. Es el epicentro de la violencia doméstica debido a su mayor población, de acuerdo con datos del Prontuario Estadístico Digital de la Fiscalía General del Estado (FGE).
Cada mes, sin pausa, aumentaron las denuncias por violencia familiar en la entidad, donde de enero a mayo suman 2 mil 802 agresiones, unas 18 en promedio al día, todas a mujeres por parte de sus parejas, sus padres, sus hermanos y hasta de sus hijos. En enero de 2025 fueron 517 carpetas abiertas. En mayo, 636. De ese total, un tercio lleva la misma dirección: Villahermosa.
UN INFIERNO PRIVADO
Las cifras indican que la capital tabasqueña no es sólo la ciudad con más población, más patrullas, más cámaras. Es también la ciudad donde más mujeres acuden a denunciar a sus parejas, o a sus ex, o a quienes compartieron la cama y el miedo. El hogar, no la calle, es la escena recurrente del crimen.
De los 3,813 delitos reportados en Tabasco durante mayo, la violencia familiar representó el 16.6 por ciento del total. Fue el segundo delito más común, sólo por debajo del rubro sombrilla que la Fiscalía llama “resto de los delitos”, donde cabe desde el allanamiento hasta la omisión de cuidados. Ni los robos, ni los homicidios, ni los narcomenudeos. Nada tiene más peso que el infierno privado.
¿Y EL CENTRO DE JUSTICIA?
En el corazón de Villahermosa se levanta una promesa de concreto y pintura institucional. Es el Centro de Justicia, Empoderamiento e Igualdad para las Mujeres. Fue inaugurado como respuesta, como símbolo, como escudo. Hoy es, más bien, una pausa. Funciona parcialmente. Algunos días, algunas áreas, con algún personal.
Ninguna mujer entra corriendo a gritar. No hay filas visibles, ni luces, ni patrullas esperando afuera. Adentro, los escritorios aguardan con papelería apilada. Los pasillos están limpios, pero no urgentes.
El discurso oficial asegura que es un modelo nacional, que alberga atención integral, que basta con presentarse. Pero en los hechos, el Centro está tan callado como los expedientes que duermen en la Fiscalía. La mayoría de las víctimas no sabe que existe. O lo sabe, pero no va.
No hay líneas abiertas 24/7. No hay patrullas asignadas. No hay abogadas listas para levantar una denuncia en sábado. Y si una mujer lo intenta un domingo, lo más probable es que encuentre la puerta cerrada o derivación a una instancia ajena.
VIOLENCIA QUE SE REPITE
En Tabasco no se trata de un caso aislado, ni de una crisis espontánea. Es un patrón, una repetición que se anota con tinta nueva cada mes. Desde enero, la violencia familiar no ha dejado de crecer. En enero fueron 517 denuncias. En febrero, 484. En marzo, 560. Abril cerró con 605. Mayo, con 636. No hay fluctuación, hay tendencia. Un incremento sostenido que rara vez se aborda en los discursos oficiales.
FOCO ROJO EN CENTRO, CÁRDENAS Y MACUSPANA
La estadística muestra que mientras municipios como Cárdenas o Macuspana suman decenas, Centro acumula cientos. No por casualidad. No por saturación. Sino por una mezcla de visibilidad y abandono. Porque aquí se denuncia más, pero no necesariamente se atiende mejor. El mapa está claro. Lo que no está claro es si alguien lo está mirando.
El dolor oculto en los hogares
En mayo de 2025 la Fiscalía de Tabasco registró 56 homicidios dolosos. En ese mismo mes se abrieron 636 carpetas por violencia familiar.
Una relación simple, brutal y profundamente ignorada: por cada homicidio en la calle, hubo más de 11 mujeres golpeadas en su casa.
Pero eso no llena portadas. No activa operativos. No provoca conferencias urgentes ni recorridos con Guardia Nacional. Lo que ocurre dentro de las casas no se graba en video. No tiene casquillos ni narcomantas. Lo que ocurre dentro de las casas, simplemente… ocurre.
ATAQUES DISFRAZADOS
La violencia de pareja —la psicológica, la física, la sexual, la económica— no tiene una sola cara. Puede ser la ruptura de una costilla. O una cuenta bancaria vacía. Una amenaza disfrazada de broma. O el aislamiento disfrazado de celos.
En Tabasco, la violencia que más crece no es la del crimen organizado. Es la del vínculo afectivo. La que se gesta en nombre del amor. La que ocurre entre personas que se conocen, que se buscan, que alguna vez se prometieron cuidado.
… Y el agresor no es el narco, ¡es el esposo!
La violencia de pareja no deja cuerpos en la calle. Deja cicatrices que no alarman.
Las narrativas oficiales siguen enfocadas en otro lado. Se anuncian operativos contra el narcomenudeo, cateos, aseguramientos, detenciones de células. No hay ruedas de prensa por los golpes, ni mapas de calor por los gritos
La violencia conyugal no aparece en los informes de seguridad. No hay cifras semanales. No hay filtros en retenes. No hay consejos ciudadanos especializados. Y sin embargo, es el delito que más crece en Tabasco este año, con un incremento de más de 23% en los primeros cinco meses.
DURMIENDO CON EL AGRESOR
Lo más devastador es la recurrencia: la agresión ocurre entre personas que se conocen, que compartieron cama, hijos, sueños. Es una violencia que no necesita armas largas ni comandos armados. Le basta con una mano. O una palabra.
En los noticiarios, el asesino tiene rostro y apodo. En casa, el agresor tiene llaves, cubiertos y foto en la sala.
Pero no hay estrategia estatal contra la violencia de pareja. No hay un C5 para el dolor íntimo.


