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Manos curtidas; el maestro que domó la piel

En Mercado Pino Suárez, existe un rincón donde el tiempo parece detenerse. Allí, entre el olor a piel curtida y el sonido de las herramientas, se encuentra Juan José Moreno Becerra, un hombre cuyas manos narran la historia de un oficio que se niega a desaparecer.

A sus 86 años de edad, Don Juan José es un roble. Su figura, encorvada ligeramente sobre su banco de trabajo, es un símbolo de perseverancia. “Me he mantenido gracias a Dios con el trabajo de talabartería, haciendo cinturones, billeteras, compongo también los guantes para el béisbol”, comenta con orgullo, enumerando las labores que sus manos aún ejecutan.

Un oficio heredado

La historia de Don Juan no comenzó ayer. Su viaje en este noble oficio inició en 1960, cuando apenas tenía unos 26 años. No aprendió solo; fue moldeado por la exigencia de maestros que hoy son solo recuerdos en la memoria del gremio.

Recordando sus inicios, Don Juan José evoca con gratitud a quienes le transmitieron los secretos del cuero. “El oficio me lo enseñó un señor que se llamaba Don Adonai Ruiz, que era de allá de Culiacán, Sinaloa”, relata.

Orgullosamente tabasqueño, nacido en la calle 2 de Abril del centro de Villahermosa, ha sido testigo de la transformación de su mercado. Lleva ‘ 60 años’ trabajando ininterrumpidamente.

En Mercado Pino Suárez, existe un rincón donde el tiempo parece detenerse. Allí, entre el olor a piel curtida y el sonido de las herramientas, se encuentra Juan José Moreno Becerra, un hombre cuyas manos narran la historia de un oficio que se niega a desaparecer.

A sus 86 años de edad, Don Juan José es un roble. Su figura, encorvada ligeramente sobre su banco de trabajo, es un símbolo de perseverancia. “Me he mantenido gracias a Dios con el trabajo de talabartería, haciendo cinturones, billeteras, compongo también los guantes para el béisbol”, comenta con orgullo, enumerando las labores que sus manos aún ejecutan.

Un oficio heredado

La historia de Don Juan no comenzó ayer. Su viaje en este noble oficio inició en 1960, cuando apenas tenía unos 26 años. No aprendió solo; fue moldeado por la exigencia de maestros que hoy son solo recuerdos en la memoria del gremio.

Recordando sus inicios, Don Juan José evoca con gratitud a quienes le transmitieron los secretos del cuero. “El oficio me lo enseñó un señor que se llamaba Don Adonai Ruiz, que era de allá de Culiacán, Sinaloa”, relata.

Orgullosamente tabasqueño, nacido en la calle 2 de Abril del centro de Villahermosa, ha sido testigo de la transformación de su mercado. Lleva ‘ 60 años’ trabajando ininterrumpidamente.

El tiempo cobra factura

El paso de los años cobra su factura de formas sutiles. Don Juan José ha comenzado a perder la agudeza auditiva. Sin embargo, lo que sus oídos pierden, sus manos lo compensan con destreza.

Recuerda con nostalgia el auge petrolero en Tabasco, cuando “se vendió mucho, trabajaba yo bastante”. Hoy, la realidad es distinta. La situación comercial ha bajado y los materiales se han encarecido. Don Juan José no se ha guardado sus conocimientos. Consciente de que la talabartería es un arte en peligro de extinción, se ha dedicado a formar a nuevas generaciones. “He enseñado a varios chamacos a hacer el trabajo como a 4 muchachos les he enseñado”, cuenta con satisfacción. Su legado vive en ellos, quienes hoy continúan ejerciendo el oficio.

Deja un legado

Conserva técnicas ancestrales

Nombre: Juan José Moreno Becerra • Edad: 86 años • Profesión: Talabartero artesanal

Lugar de nacimiento: Calle 2 de Abril, centro de Villahermosa. • Inicios en el oficio: Comenzó en 1960, a los 26 años.
Especialidad: Cinturones, billeteras, guantes de béisbol y huaraches. • Resistencia: Mantiene el taller activo a pesar de la edad y las dificultades físicas.
Filosofía: Trabaja por amor al arte, disciplina y tranquilidad mental.

Un legado vivo

Medio siglo de trabajo cuentan su historia.

Don Juan José ha presenciado la transformación del Mercado Pino Suárez durante más de cincuenta años.
Enseña a jóvenes a trabajar la piel, preservando técnicas que podrían desaparecer en la modernidad.
Sus manos expertas compensan la pérdida auditiva, manteniendo destreza y precisión.
La filosofía de Juan José combina honestidad, paciencia y pasión, valores fundamentales de su oficio artesanal.
Su taller artesanal sigue siendo buscado por quienes valoran productos hechos completamente a mano y con dedicación.
Ha formado a cuatro aprendices que ahora continúan la tradición en distintos municipios.
Fabrica artículos para celebraciones religiosas y culturales, como el Viacrucis y danzas tradicionales.
“El oficio me lo enseñó un señor que se llamaba Don Adonai Ruiz, que era de allá de Culiacán, Sinaloa”: Juan José Moreno, Talabartero.

Perfil Analitico

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